Minimalismo digital (Parte II)


DÍA 1


El lunes empecé con la limpieza digital.

Tanquilo todo el mundo, que no voy a ir contando por aquí día a día cómo va la cosa, sino que dentro de un mes, apróx., contaré las conclusiones.


Pero si voy a compartir la lista de normas que me he puesto y por qué.

NORMAS:

1. Borrar redes sociales del móvil y solo consultarlas en el PC (por temas laborales)

2. Juegos del móvil: solo permitido después de cenar alguna partida al ajedrez o similar.

3. Trabajar alejada del móvil (hoy está en otra habitación).

4. Mail: Limite de 3 consultas diarias (inicio de la jornada, mediodía y final de la jornada). Para eso, lo quito de la pantalla de inicio.

5. Podcast: permitido mientras cocino.

6. Usar Feedly en el PC para estar informada y guardar los artículos interesantes en Instapaper para leer en los momentos que le dedique en exclusiva a eso.


Además, para facilitarme la vida:

- Limpiar Telegram: salirme de canales y grupos que solo me generan ruido.

- Borrar Apps sin uso.

- Quitar las pocas notificaciones que me quedan activas excepto Telegram, WhatsApp y finanzas.


No tengo normas ni restricciones en cuanto al uso del PC, plataformas de streaming o videojuegos fuera del móvil, porque no es algo que me afecte demasiado o que considere que estoy haciendo un mal uso de ello.

De hecho, todas estas normas, restricciones o cosas a hacer, son sacadas directamente de ver las estadísticas de uso (tiempo y número de consultas).

Y no me había parado a pensar en la cantidad de veces que consultaba el correo en el móvil o todo el tiempo que me quitaba Twitter sin darme cuenta.

Me he restringido también los podcast, buscando un poco de silencio mental, aunque últimamente ya no escuchaba casi ninguno.

EL PRINCIPIO BENNETT


Arnold Bennett explica en su libro Cómo vivir con veinticuatro horas al día que con las 16 horas que se supone que nos deja libre el trabajo, tenemos libertad para «emprender actividades virtuosas».

Es un señor londinense del siglo XIX, así que voy a usar sus refinadas palabras para explicar las cosas.

De esas 16 horas, deberíamos invertir la mitad de esas horas que corresponden a la vigilia a un ocio enriquecedor y exigente.

Pero que con mucha frecuencia malgastamos esa vigilia con pasatiempos frívolos, como fumar, acariciar el piano sin tocarlo de verdad, o quizá, decidiendo entablar amistar con un buen whisky.

La verdad es que los pasatiempos victorianos tienen un poco más de glamour que vernos ahora toda la tarde con el mando de la tele en la mano o haciendo scroll infinito por Instagram.

Pero el resultado es el mismo: llegar a cama cansados y habiendo consumido el día sin saber muy bien cómo.

Por eso Bennet dice que deberíamos invertir esas horas en actividades de ocio exigentes y virtuosas.

Y dice:

«¿Qué? ¿Afirmáis que dedicar energía plena a esas 16 horas restará valor a las 8 que dedicamos al trabajo? En absoluto. Muy al contrario, aumentará el valor de las 8 horas laborables. Una de las principales cosas que ha de aprender mi hombre típico es que las facultades mentales son capaces de una actividad intensa continuada; no se cansan, como el brazo o la pierna. Lo único que necesitan es cambio; no descanso, a excepción del sueño.»



Y esta idea de que el invertir energía en el ocio nos puede dar más energía, es a lo que Cal Newport llama el principio Bennett.




Con lo que apetece quedarse tirado en el sofá sin hacer nada, ¿cierto?

Pero sí que he comprobado por mí misma que el forzarme a hacer cosas activas me ha llevado a tener más energía que antes de empezar.

Y te lo dice alguien que vive permanentemente cansada.

Así que me anoto los principios del libro Minimalismo Digital sobre el ocio de alta calidad:

1. Prioriza las actividades exigentes sobre el consumo pasivo.

2. Usa tus habilidades para producir cosas valiosas en el mundo físico.

3. Busca actividades que exijan interacciones sociales estructuradas en el mundo real.

Con esto me empieza a cobrar sentido que la gente haga punto de cruz y hasta hagan clubes de ello.


SLOW MEDIA


En el mundo rápido en el que vivimos, los movimientos slow surgen por todas partes y no me extraña.

La cosa empezó con el slow food, para extenderse a slow travel y poco a poco se fue convirtiendo en slow living (vivir despacio).

Pues a principios de 2010, unos tipos alemanes del mundo de la sociología, la tecnología y la investigación, colgaron en Internet el «Manifiesto del Slow Media».

Lo puedes ver aquí: http://en.slow-media.net/manifesto

Básicamente nos dicen que dejemos de consumir sin pensar y que evaluemos. Calidad frente a cantidad y esas cosas.

Luego vino Tim Ferris y empezó a hablar de la «dieta baja en información». Americanos...




Pero la verdad es que consumimos mucho contenido basura y mucha información que no nos aporta nada. Todo ese ruido nos aleja de cosas que nos pueden resultar mucho más interesantes y útiles.

Y con «útiles» no me refiero a que todo tenga que estar enfocado a la productividad.

Para nada.

El entretenimiento está bien y es necesario.

Así que en «útiles», también incluyo cosas entretenidas que nos gusten de verdad, y no el mismo meme sin gracia repetido 268 veces.




En ese intento de informarme menos y mejor, he optado por la combinación que te decía el lunes de Feedly + Instapaper. Uno para encontrar cosas que me interesen y el otro para leer en el tiempo que yo quiera y sin distracciones (sin publicidad, y con la misma estética).

Cada uno debería buscar su propia forma de consumir contenido e información de la manera que le resulte más útil.

En el libro Minimalismo Digital propone varias ideas, como plugins, periódicos físicos, leer a periodistas concretos, dedicar solo ciertos días a la semana a ponerse al día de las noticias...

Agrego uno: curadores de contenido. Hay gente que se dedica justamente a recopilar un montón de noticias e información y comparte las más interesantes (vía newsletter o lo que sea).

En fin, que lo suyo es que nos expongamos a menos cosas y de más calidad.

La fórmula de cada uno dependerá de lo que mejor le vaya.

UNA VERDADERA CONVERSACIÓN


¿Hablamos en redes sociales? ¿Conversamos de verdad?


Serry Turkle, profesora del MIT y autora del libro En defensa de la conversación, distingue dos términos:

- Conexión: se refiere a las interacciones que tenemos en mundo digital.

- Comunicación: se refiere a la comunicación mucho más rica que tenemos entre personas en el mundo real.


A mí me resultan un poco confusos los términos, porque normalmente usamos conexión para algo que parece más «profundo». Pero bueno, como tampoco tengo una mejor forma de definirlo, me vale.

En su libro presenta estudios que muestran cómo disminuye nuestro bienestar cuando sustituimos la conversación por la conexión.

Por ejemplo, muestra cómo niños de entre 11 y 13 años tienen dificultades con la empatía porque no tienen la práctica que se obtiene al leer las señales faciales en una conversación.




Hace un rato hablaba con un amigo sobre una persona que conoce que tiene serias dificultades en sus relaciones porque intenta solucionar los problemas a través de mensajes de WhastApp, lo que deriva en más problemas y malentendidos.

Él mismo me hablaba de una pareja que no usa el móvil en su relación para nada. Les preguntó que cómo hacían para quedar y tal. Simplemente, el día que quedan, programan la próxima cita. Ya está.

Y cuando quedan hablan de lo que han hecho, donde han estado y esas cosas.




No digo que haya que hacer una cosa o la otra.

Pero sí que nos estamos perdiendo la conversación por lo que Turkle llama conexión.

Y no es lo mismo.

La conversación cara a cara es rica en matices, nos enseña a prestar atención, a tener paciencia... Nos libra de muchos malentendidos y nos proporciona más bienestar.

No hay hilo de Twitter ni correo electrónico que pueda mejorar eso. Ni siquiera igualarlo.

CONCLUSIONES


Aunque estas no sean las conclusiones finales de Minimalismo digital, porque para eso tengo que esperar un mes a ver cómo va el cambio, sí me gustaría hacer una reflexión de lo hablado hasta ahora.


Hace unos días le pregunté a un amigo que trabaja con adicciones, si venía gente a la consulta para tratar la adicción a la tecnología.

Me dejó bastante claro que hablar de adicción son palabras mayores (no me voy a meter en profundidad en la explicación porque seguro que meto la pata), pero que sí que había muchos comportamientos de abuso y mal uso.

Y que con el abuso y mal uso se estaban dando lugar a comportamientos que desencadenan otros problemas importantes.

Por eso, con todo esto, yo no pretendía tanto el que se extienda el minimalismo digital, pero sí que repensemos nuestra forma de usar la tecnología y que seamos un poco más conscientes de lo que supone en nuestras vidas.

Es algo muy nuevo aunque parece que lleve ahí desde siempre y ya no sepamos ir a ningún sitio sin usar Google Maps, no sepamos salir de casa sin el móvil, o no tengamos ni idea de cómo quedar con alguien sin escribirle un mensaje.

Espero que poco a poco veamos las tecnología como la herramienta útil que es, pero sin sufrir las consecuencias que supone un uso poco consciente de ella.

Y me quedo con un slogan de una marca de móviles minimalistas:

Tu ⏳ = Su 💰


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