Si te despista hasta una mosca, esto te puede interesar

Hace un tiempo un amigo me habló de una chica que le había fascinado. 

Pero no en el buen sentido. 

Era una chica de 22 años que nunca había conseguido ver una película entera. No hablemos ya de leer un libro. 

Como mucho se veía una serie de 20 minutos máximo. 

Más era imposible. 

Y, por supuesto, con el móvil en la mano o alguna pantalla adicional más. 

Mi amigo había hablado con ella, a petición de los jefes de la chica (él era un asesor externo de la empresa). 

Y es que la habían contratado para gestionar las redes sociales y alguna cosa más. 

Pero se habían dado cuenta de que era incapaz de concentrarse en nada. 

Saltaba de una cosa a otra. 

Por consiguiente no había estrategia, no había constancia, no había…

Pero era maja y se le daban bien las redes, así que no querían despedirla. 

Cuando mi amigo habló con ella, alucinaba con su dispersión. 

Me lo contó. 

A mi me extrañó un poco menos.


La falta de concentración cada vez es más habitual. Y aunque no tan extrema, nos pasa un poco a todos. 

A mi la primera. 

Que estuve un tiempo preocupada porque era incapaz de leer dos páginas seguidas de un libro sin que mi mente se fuese de viaje. 

Leer y releer. 

Pero la cosa cambió sin esperarlo. 

¿Cómo cambio?

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Como aprendí a dejarme en paz

Soy de esos bichos raros que llevó bastante bien lo de estar confinada.

Y eso que estaba metida casi todo el día en unos 8 metros cuadrados, con visitas puntuales al salón y a la cocina.

Aún así, logré estar relajada, como de balneario.

Y ya te digo que mi ducha se parecía más a un ataúd que a un spa.

¿Cómo lo hice?

Fue fácil…

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Rápido sí, pero también doloroso

¡Wow! El tiempo vuela.

Ya ha pasado un mes desde que empecé mi reto con el minimalismo digital y vengo a contarte qué ha pasado. 

Un pequeño spoiler: no hay vidas cambiadas

Han pasado cosas buenas y de las que estoy satisfecha.

Y otras que las voy a contar hasta con un poco de vergüenza.

Los primeros días…

Fueron muy bien. 

Súper bien.

Un poco raros los momentos de espera, que me quedaba mirando a la pared. Y también por la mañana, que lo primero que cogía era el móvil. 

Por lo demás, genial.

0 síndrome de abstinencia como comentaban en el libro.

Estaba consiguiendo 1 hora de uso al día y contando que casi media hora era utilizando una aplicación de recetas mientras hacía la comida. Así que en realidad era mucho menos, porque la aplicación queda ahí abierta mientras yo estoy haciendo cosas. 

Pero, entonces, el tercer día pasó algo

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💔 La pasión son los padres

Como dispersito sonaba mal, hace poco se puso de moda el término “multipotencial”.

Los multipotenciales son (somos) esa clase de personas a las que les interesan un montón de cosas, pero solo un poco.

Porque cuando vemos una cosa nueva, nos llama más la atención y profundizar mucho nos aburre.

Dispersitos.



Yo, como dispersita de mierda, multipotencial o persona con un síndrome del explorador muy acusado, siempre he mirado con cierta envidia a esas personas que siempre han tenido clara “su pasión”.

Qué fácil tener un camino más o menos trazado y no andar deambulando por ahí entre mil cosas que quieres hacer sin saber por dónde tirar.



He llegado a sentirme verdaderamente mal por esto.

Y con tanto gurú hablándome de patrañas como que encuentre un trabajo que me guste y nunca más tendré que trabajar, pues… No ha sido fácil.




Entonces empecé a plantearme si era posible vivir sin una pasión (o con intereses muy diversos).

Y me fijé en mi madre, que ha pasado por los peores trabajos reservados para la gente que acabó EGB y se tuvo que buscar la vida.


Jamás se ha quejado y dice que ha disfrutado en muchos trabajos.

¿Cómo es posible disfrutar de fregar WCs?

Se me escapaba algo.

Y hace poco di con un libro que tiene un título un tanto cuestionable, pero que por fin me decía que seguir la pasión era muy mala idea.


Pésima idea.

Que la clave para que te guste lo que haces no es perseguir tus sueños.

Que eso está muy bien para vender cursos y libros, pero no es realidad de la mayoría de la gente.

Vamos a hablar de Hazlo tan bien que no puedan ignorarte.

Y de por qué estoy de acuerdo con muchas cosas de las que dicen, pero no con el título.

MAL TÍTULO, BUENOS CONCEPTOS

Hemos comprado el discurso de encontrar una pasión y perseguir los sueños.

Suena bien, claro.

Pero resulta que la pasión no aparece de la nada y las carreras vocacionales son poco frecuentes, según Hazlo tan bien que no puedan ignorarte.

Desde mi punto de vista, está en lo cierto. Veo a mucha más gente sin esa «pasión» que con ella.

Y pensando que nos pasa algo o estamos vacíos por dentro, el discursito nos hace bastante daño.




El libro nos cuenta que la pasión o los trabajos geniales nacen a partir de desarrollar una habilidad.

Una habilidad escasa y valiosa.

A eso le llama capital laboral.

Y aquí el autor es donde nos pone varios ejemplos de gente que ha desarrollado estas habilidades y entonces consiguió un trabajo que les satisface.

Peeero…

Aquí es donde lo que dice y lo que muestra se chocan un poco desde mi punto de vista.

Porque en los ejemplos que utiliza hay un factor que el autor no tiene en cuenta.

Estoy de acuerdo en que las personas que menciona han desarrollado esa habilidad y hacen su trabajo muy bien, pero cuando cuenta las historias de cómo han llegado al puesto donde están, en todas hay un «persona conoce a no sé quien que le presenta o le habla de no sé quien más».

Así que para mi el título del libro sería más bien: Hazlo tan bien y genera contactos y conseguirás que no puedan ignorarte.



Al margen de eso, me tiene sentido lo que cuenta.

Hasta aquí lo que él denomina las reglas 1 y 2.



Regla 1: No sigas tu pasión
Regla 2: Hazlo tan bien que no puedan ignorarte.



Vamos a por las últimas dos reglas.

Regla 3: rechaza un ascenso.
Regla 4: piensa en pequeño, actúa a lo grande.


Los títulos son poco representativos de lo que cuenta.

EL CONTROL Y LA MISIÓN



En la regla 3, con un título llamativo como «Rechaza un ascenso», en realidad nos habla del control.

Control sobre lo que se hace y cómo se hace.

De esta manera tenemos autonomía y más capacidad de decisión. Poder decidir hace que nuestro trabajo se adapte mejor a lo que queremos.

Y muchas veces ese control o libertad pasa por rechazar ofertas que parecen buenas, pero que nos quitan control.

Uno de los ejemplos que utiliza en este caso es el de una programadora a la que le ofrecieron un puesto ejecutivo (con un increíble sueldo) y lo rechazó porque sabía que entrañaba estar en la oficina de 9 de la mañana a 9 de la noche.

No era lo que ella quería.

Ahora trabaja de forma independiente.



Por último, la regla 4, que nos dice que pensemos en pequeño y actuemos a lo grande, en realidad nos habla de la misión.

De que a medida que nos hacemos buenos en nuestro trabajo poco a poco y vamos acumulando «capital laboral», es más fácil que encontremos un propósito o una misión que que va más allá de nuestro trabajo.

Lo define como eso que responde a la pregunta de qué deberíamos hacer con nuestra vida.

Sin embargo, lo que veo de forma más habitual es justo lo contrario. La gente busca una misión y luego de ahí intenta sacar un trabajo o un negocio.

Me gusta la visión del autor de formularlo justo al revés.

Y asegura que además de necesitar capital laboral para descubrir esa misión, también se requiere de «apuestas bajas».

Es decir, que desarrollemos proyectos pequeños y asequibles que nos sirven para explorar las posibilidades que rodean a una idea atractiva.

Estas apuestas bajas deben ser proyectos que puedan completarse en un mes, nos obligan a crear nueva valor (por ejemplos, dominar una habilidad nueva) y producen resultados concretos que nos dan información concreta.


Como resumen general podríamos decir que importa más trabajar bien que tener un buen trabajo.



A mi el libro me ha servido para reconciliarme con la idea de que la pasión es un invento bastante dañino que nos hace perseguir quimeras en muchos casos y nos hace infelices.

Que perfecto quien la tenga muy clara, pero que no pasa nada porque no sea así.

Y quizás, solo quizás, me ayude un poco a centrarme con mi dispersión. Eso aún no lo sé.


DOS PEQUEÑOS CAMBIOS

Hasta ahora he enviado estos correos el viernes, pero ha habido un cambio en mi vida profesional (que no viene al caso), pero que me viene mejor enviarte esto los domingos por la mañana.

Si estás en el canal de Telegram ya sabes que iba a haber cambios. Y este es uno.

El otro, a raíz de una encuesta en Telegram, es el formato.

Hasta ahora te he soltado dentro del email todo lo que te quería contar. Ahora te mandaré un email más breve con un enlace a un artículo donde está la chicha.

Eso es todo :)


Concentración parcial, fallos y marcos

Otras formas de entrenar el pensamiento


Continuando con el tema del pensamiento de la semana pasada, hablemos de dejar a la mente divagar.

¿Tiene sentido?

Muchas veces creemos que para encontrar la solución a un problema, debemos centrarnos en el problema.

Pero cuando se apodera de nosotros la sensación de atasco, ahí no hay mucho que hacer.

Por eso resulta muy útil cambiar de tarea. Dejar descansar al cerebro.

Las cosas que más me ayudan a mi es:

- Darme una ducha. Ese cubículo suele estar lleno de respuestas.
- Caminar. Aunque vaya observando mi alrededor, siempre me vienen pensamientos útiles a la cabeza y tengo que pararme a escribir.
- Tareas cotidianas que no requieran demasiada concentración, como fregar los platos.

El estado mental que nos proporcionan cosas como estas es ese en el que estás concentrado pero no demasiado.

La concentración parcial nos permite librarnos de distracciones externas y que la mente divague (sueña despierta).

Y es ahí donde accedemos a la información del subconsciente a la que no podemos acceder forzando la mente.

Nietzsche usaba la técnica de caminar para pensar. Andando escribió El paseante y sus sombra. McCready dice que tuvo sus mejores ideas afeitándose…

La idea es la misma: concentración parcial.

SER MEJOR PENSADOR



Al final lo que intentamos es pensar mejor.

Y como pensar está considerada una habilidad, es susceptible de ser mejorada.



Investigando sobre esto de pensar mejor he dado con un artículo en Ness Labs que habla sobre los hábitos de pensamiento saludables.

Que al final sirven para cuestionar nuestras intuiciones iniciales, evitar atajos y considerar las consecuencias de nuestras decisiones.

Los hábitos que menciona son:


- Pensar en pensar. En lugar de considerar el proceso de pensamiento como una operación de fondo, las habilidades metacognitivas permiten a las personas llevar sus procesos de pensamiento a un primer plano, para que puedan ser analizados y potencialmente mejorados. La metacognición requiere dejar espacio para la autorreflexión, a menudo en forma de diario, revisiones periódicas o trabajar con un compañero de pensamiento.


- Ser consciente de los sesgos cognitivos. La mente humana es poderosa, pero tiene limitaciones. Los sesgos cognitivos son errores sistemáticos en el pensamiento que ocurren cuando las personas procesan información. Ya sea que nuestros prejuicios estén relacionados con nuestra memoria, nuestra atención, estos errores mentales a menudo están profundamente arraigados. Es difícil evitar esta trampa, pero ser conscientes de los errores en el procesamiento de nuestros pensamientos es un primer paso para controlar los sesgos cognitivos.


- Evitar el pensamiento lineal y las falacias lógicas. Tomar atajos raramente da lugar a la mejor solución. El pensamiento de sistema 2 es necesario para considerar las complejas ramificaciones de las decisiones que tomamos. El pensamiento del sistema 1 es simplista y superficial. (referencia a los sistemas de pensamiento que veíamos aquí).



- Estudiar modelos mentales útiles. Los modelos mentales son marcos que nos dan una representación de cómo funciona el mundo, que guían nuestros pensamientos y comportamientos y que nos ayudan a comprender la vida. Como herramienta que refleja las complejidades de la naturaleza humana, los modelos mentales deben usarse en contexto y, a menudo, en combinación. Estudiar y diseñar tus propios modelos mentales es una experiencia de aprendizaje para toda la vida que puede conducir a un mejor pensamiento a largo plazo.


- Practicar la agilidad emocional. No cometamos el error de descartar la influencia de las emociones en el proceso de toma de decisiones. El cerebro racional y el cerebro emocional funcionan en combinación: si nos sentimos ansiosos, estresados, emocionados o enfadados puede afectar nuestra forma de pensar. Una relación compasiva y honesta con las emociones nos ayudará a limitar el efecto de nublar nuestro juicio.



Estos principios pueden ayudarnos a pensar mejor o al menos a darnos cuenta de nuestros fallos en el pensamiento.

MARCOS


Más allá de las formas generales de pensar mejor, existen marcos estructurados que se pueden utilizar para tomar mejores decisiones.


Son ejemplos de esto:

- La matriz de Eisenhower, que nos ayuda a tomar decisiones y priorizar.

- El marco DECIDE, en el que definimos el problema, establecemos criterios, consideramos alternativas, identificamos la mejor y elaboramos un plan de acción.

- La matriz de riesgos de la NASA, que tienen un proceso para todo y esto no iba a ser menos.

- Pensamiento inventivo sistemático, que construye una ecuación de innovación para ayudarnos a pensar no fuera, sino dentro de la caja.

- Matriz de validez y fiabilidad, que analiza la validez y confiabilidad de los modelos mentales.

- Pre-mortem, que anticipa el fracaso y trabaja hacia atrás para determinar qué pudo haber provocado el fracaso.



De esta lista he usado la matriz de Eisenhower, el análisis pre-mortem y sin darme cuenta de que lo estaba haciendo, el marco DECIDE.



Los marcos no son universales y deben aplicarse en función de lo que queremos lograr y el contexto.

Pero me parecen muy útiles para no quedarnos paralizados sin saber qué hacer.

BREVES CONCLUSIONES


Después de un par de semanas pensando en pensar, me queda claro que no para todo nos sirve el mismo tipo de pensamiento ni las mismas herramientas.

Que muchas veces hemos resuelto problemas sin saber muy cómo y por lo tanto no lo podemos replicar.

Sin embrago, si prestamos un poco de atención y somos más conscientes de nuestro pensamiento, de cómo funciona y qué herramientas nos pueden ayudar, lo podemos mejorar mucho.

Las soluciones casi siempre las tenemos delante y no las vemos.

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